A primera vista, Chesham Close, en Romford (Essex, Inglaterra), no parece uno de los lugares emblemáticos de la escena rock británica. Según bajamos la calle, los pequeños edificios industriales apiñados a cada lado de la acera no nos llaman especialmente la atención. Lo que no sabemos es que uno de ellos, cerca de a la esquina con Brooklands Approach, fue la fábrica de guitarras Burns durante gran parte de los años 60.
En 1964, la empresa se trasladó allí desde otro local cerca de la estación de metro de Roding Valley, a unos 14 kilómetros. En esta nueva dirección fue donde James Ormston Burns y su equipo crearon los instrumentos de Burns London, incluidos los modelos clásicos Marvin y Bison.
Jim nació en 1925 en Washington, cerca de Newcastle upon Tyne. Al principio tocaba guitarras de acero, pero muy pronto se inició en el arte de la elaboración de guitarras.
«Mis manos tienen un don», comentaba Jim en una entrevista del año 1964. «Me formaron en el oficio de carpintero, pero, al trabajar de mecánico, también tuve la oportunidad de estar en contacto con metales. Una de mis ambiciones siempre ha sido perfeccionar un instrumento sólido y sin resonancia. Después de mudarme a Londres en 1952, construí una guitarra hawaiana».
Seis años después, con 33 años, se asoció durante un tiempo con Supersound, una empresa de amplificadores, para producir una serie de instrumentos que, a pesar de su aspecto tosco, hoy en día se consideran los primeros bajos y guitarras eléctricas de cuerpo sólido que se comercializaron en Reino Unido. En 1959, Jim trabajó con otro fabricante de amplificadores, Henry Weill, para crear más instrumentos de cuerpo sólido. Así, nacía la marca Burns-Weill.
Después de su colaboración con Weill, en 1959 Jim quiso pasar al siguiente nivel y fundó su propia empresa: Ormston Burns. Los primeros modelos de Burns a pequeña escala fueron las guitarras y los bajos Artist. El enfoque original que Jim le daba a sus diseños se vio reflejado inmediatamente en estas guitarras, caracterizadas por la unión sin relieve del cuerpo y el mástil y, probablemente por primera vez, contaban con un diapasón de 24 trastes. En los años 60, Burns presentó un modelo similar, el Vibra-Artist, que también contaba con tres pastillas, pero, además, se añadía un vibrato. Dichas pastillas son las mismas que utilizaría Brian May para crear su famosa guitarra casera.
El año siguiente, llegó la guitarra más espectacular de Burns: el modelo Black Bison. Esta primera versión contaba con un hermoso cuerpo esculpido del que salían unos cuernos que se enroscaban hacia adentro, un vibrato impresionante, aplicaciones en dorado, el sistema patentado del truss rod, interruptores Split Sound y pastillas de impedancia baja.
Burns reemplazó este modelo emblemático de cuatro pastillas por una versión con un diseño totalmente nuevo al año siguiente. La nueva guitarra presentaba tres pastillas y, por lo general, no era tan vanguardista como el original, aunque disponía de la atractiva configuración «Wild Dog» entre los presets tonales. Además, se vendía mejor, cual probablemente le dio a Jim un respiro. Como muchos ingleses que sobresalían por su capacidad de diseño, fabricación y por sus ideas innovadoras, a Jim no se le daban muy bien los negocios. Su principal preocupación siempre era el aspecto y la facilidad a la hora de tocar los instrumentos de Burns.
En 1961, el Bison se encontraba fuera del alcance de muchos, ya que su precio en aquel entonces era de £157/10/-, es decir, £157.50. En esa misma época, la Stratocaster de Fender costaba £177.50, pero todavía quedaban un montón de instrumentos disponibles para los presupuestos más reducidos. Precisamente, fueron las guitarras que se encontraban al final de las listas de precios de Burns las que llamaron la atención de los jóvenes guitarristas británicos de grupos de beat. Uno de ellos era Mike Pender de The Searchers. Su Vibra-Artist le hizo colocarse en muy buena posición en los primeros momentos de éxito de la banda.
«Me acuerdo muy bien de mi pequeña guitarra color cereza», me contaba Mike. «Fue la que utilicé para tocar en el Star Club de Hamburgo. Es la guitarra que sustituyó a mi Club 60 de Hofner. Creo que le regalé mi Club a un amigo cuando compré la Burns. Tenía tres pastillas, una barra de trémolo, corte doble y apareció en mis primeras grabaciones, «Sweets For My Sweet» y «Sugar and Spice». Después, vino la ES-345, esa preciosidad estéreo con bordes dobles de Gibson».
Otros miles de guitarristas de los años 60 siguieron el mismo camino. Algunos afortunados como Mike alcanzaron la fama que les dio los medios para adquirir instrumentos más caros, pero otro siguieron fieles a sus modelos de Burns, como por ejemplo, el Split Sonic con mástil de tornillos o el TR2 con cuerpo hueco y su preamplificador pionero activo y de batería.
de guitarras eléctricas de Burns
Es probable que los oriundos de Romford que desayunaban el cereal Rice Krispies a principios de 1964 no sabian que aquellas 70 guitarras eléctricas de Burns que se anunciaban en la parte delantera de la caja se hacían justo al final de la calle. Una promoción de tal valor con Kelloggs era una muestra del éxito que había alcanzado Ormston Burns en poco más de cuatro años.
En aquel entonces, la gama Burns consistía de seis guitarras: Nu Sonic (£59.85), Jazz (£84 con dos pastillas y £109.20 con tres), Double Six (£131.25), Vibraslim (£140.70), Bison (£147) y Marvin (£162.50). Además, también contaba con cinco modelos de bajos: Nu Sonic (£52.50), Jazz (£94.50), Bison (£139.12), Vibraslim (£140.70) y Shadows (£151.20). Además, en aquella época Burns también exportaba a Estados Unidos algunas guitarras para la empresa Ampeg. Cada una de ellas presentaba un golpeador con la inscripción «Ampeg By Burns of London».
Su relación con Hank Marvin y The Shadows tampoco le vino nada mal a la empresa. Hank escribió sobre dicho vínculo en la columna de una revista de la época. El músico comentaba que no había un tema del que le gustaba más hablar. Para él, tocar su propia guitarra hecha a medida era lo mejor. Fue muy conocido por tocar la Strato. Junto con el resto de los miembros del grupo, fue un modelo a seguir para miles de jóvenes con la cara llena de acné que creían que las guitarras eléctricas eran un camino fácil hacia placeres y lujos inimaginables.
Hank llevaba un tiempo dándole vueltas a la idea de tener una guitarra personalizada. Un día, habló con su antiguo profesor de música, Ike Isaacs, un guitarrista que por aquel entonces formaba parte del equipo de desarrollo de modelos en Burns. Entonces, Ike organizó una reunión con Jim. El guitarrista de The Shadows tenía muy claro lo que quería: un instrumento que permaneciera afinado en todo momento, aunque contase con una barra de trémolo de alta gama, además de más variaciones en los controles de tono.
«¡A los de Romford les caí en gracia!» narraba Hank. «Antes de dar con el proyecto final, se completaron más de 30 modelos. Yo tenía que mandarlos de vuelta a la fábrica todo el rato porque, si yo no encontraba errores, cierto guitarrista rítmico [Bruce Welch] sí lo haría. Tengo que reconocer que llegué a pensar si podríamos conseguirla, hasta que, por fin, llegó la guitarra perfecta. Los 24 meses de espera fueron un calvario, pero, en cuanto empezamos a tocarlas, nos dimos cuenta de que había merecido la pena. A día de hoy, no las cambiaríamos por nada en el mundo».
Burns introdujo en el mercado el modelo Marvin en 1964, inspirado en la amada Strato de Hank, pero con varias características nuevas, tales como la forma enroscada del clavijero, el vibrato Rez-o-tube, el puente con seis canales individuales para fijar las cuerdas en lugar del bloque metálico de Fender, que, tal y como describió Burns en su catálogo, dio lugar a las «cuerdas cantarinas».
También sacaron una versión de 12 cuerdas muy parecida. Hank recibió y pudo utilizar uno de los primeros ejemplares de la guitarra que se convertiría en la Double Six de Burns.
Todos las muestras externas de éxito ocultaron los problemas financieros que atravesaba la empresa. Además, el método idiosincrásico con el que Jim se enfrentaba a los asuntos económicos empeoraba la situación. Vendió su negocio a D.H. Baldwin, una empresa de instrumentos estadounidense especializada en la fabricación de pianos y órganos.
El objetivo de Baldwin era incorporar la elaboración de guitarras a sus actividades, por lo que en 1965 pujó por Fender, aunque este intento resultó fallido. En septiembre de 1965, la empresa adquirió Burns por 250 mil libras (GBP), integró el sello propio de la marca a los modelos existentes y, después, realizó algunos cambios. Dos años después, Baldwin también compró a Gretsch. Para el año 1970, los instrumentos Baldwin-Burns ya había irrumpido en el mercado.
Por su parte, Jim formó parte de varios proyectos después de Burns, entre los que se incluyen la creación de instrumentos con marcas como Ormston y Hayman. En 1974, volvió a la escena con nuevas guitarras de Burns, esta vez bajo el nombre de Burns UK Ltd, entre las que se incluyen el modelo angular Flyte y en 1979 como Jim Burns Actualizers Ltd. De este año es el modelo Scorpion, que posee una forma de lo más singular. Sin embargo, a principios de los 80, Jim Burns se encontraba de nuevo fuera del mercado de los instrumentos.
Desde 1992, Barry Gibson ha sido el encargado de resucitar la empresa y, hoy en día, Burns London todavía sigue muy fuerte. Jim fue uno de los asesores hasta su muerte en 1998. Barry confiesa que la parte más dura de remontar las actividades era encontrar la manera de decirle al mundo que Burns había vuelto a las andadas. El músico se vio obligado a realizar numerosas campañas de marketing y a proteger las marcas registradas de Burns.
Además, es consciente de que hoy en día la empresa tiene que servir a dos mercados muy diferentes: uno más antiguo y purista que quiere ver la guitarra Marvin en su estilo de siempre y otro al que pertenecen los jóvenes guitarristas a los que les gusta la vibra pero quiere ver algo un poco diferente.
«Para conseguirlo, hemos mezclado ideas clásicas con otras más actuales, tal y como se puede ver en los últimos modelos de la serie Bison, MR2 o King Cobra», cuenta Barry. «Además, este año vamos a sacar más ejemplares hechos en Reino Unido, ya que hemos vuelto a ampliar la producción de guitarras hechas a mano en el país. La emblemática serie Marvin ha sido una de las más populares desde sus inicios, lo que significa que Hank Marvin sigue siendo uno de los principales patrocinadores. Sin embargo, creo que todos los modelos de Burns son únicos y destaca de otros fabricantes de guitarras en cuanto al diseño, la calidad, la facilidad para tocar y sus precios asequibles».
¿Qué pensaría Jim Burns si viera el estado actual de la «nueva» empresa?
«Estaría muy orgulloso», responde Barry entre risas. «Aunque nos hemos visto obligados a seguir al rebaño y producir guitarras en Corea y China además de en Reino Unido, creo que sí estaría orgulloso. Las primeras empresas Burns solo duraban un par de años y se formaban una y otra vez. Nosotros hemos conseguido mantener el nombre en todo el mundo durante los últimos 27 años. Hemos pasado buenos y malos momentos, pero hemos aguantado, mientras que otras marcas mayores se han rendido».
Sobre el autor: Tony Bacon escribe acerca de instrumentos, artistas y música en general. Es el cofundador de Backbeat UK y Jawbone Press. Entre sus publicaciones, se encuentran los libros The Ultimate Guitar Book, Fuzz & Feedback y Electric Guitars: Design And Invention. La última de ellas es una nueva edición de Electric Guitars: The Illustrated Encyclopedia (Chartwell). Tony vive en Bristol, Inglaterra. Para más información, visita su web tonybacon.co.uk.