Guitarristas británicos se deberían de preparar para las malas noticias que acaban de llegar desde Londres. Durante unos cuantos años, será prácticamente imposible adquirir instrumentos de cualquier marca estadounidense. La economía británica no se encuentra en su mejor momento y ha establecido una serie de controles en las importaciones para solventar este problema.
Calma. Esto si paso, pero allá por los años 40 y 50. Pero, imagínate cómo te sentirías, estamos hablando de guitarras estadounidenses ni más ni menos. Fender, Gibson, Martin, Gretsch, Guild, todas marcas enormes y ninguna de ellas se encuentra disponible. Por muchos, muchos años. Hay quienes definen este descalabro como una de las prohibiciones más importantes de la década de los 50. Pero, en realidad, la escasez de instrumentos estadounidenses nuevos en el Reino Unido comenzó más o menos con el final de la Segunda Guerra Mundial hasta 1959.
El hecho de que se concentró tanto en los años 50 se debe al conjunto de restricciones que el gobierno británico anunció a finales de 1951.
«Los músicos son los primeros afectados por la política económica del gobierno conservador», informaba en noviembre del 51 una noticia del Melody Maker, un periódico semanal para músicos. «Las importaciones de instrumentos y discos, hasta el momento totalmente libres, van a sufrir una restricción drástica. Los primeros informes estiman un recorte del 75 %».
Al final, resultó que los importadores británicos de instrumentos se olvidaron de los productos estadounidenses y siguieron adquiriendo guitarras y otros equipos fabricados en Europa. Esto afectó en gran medida a los instrumentos de los que disponían los guitarristas británicos, además de cualquier otro tipo de limitación que podían afectarles ya sea por temas de presupuesto o ambición.
Solo hace falta pensar en los guitarristas de los primeros grupos de beat de los años 50. En Liverpool, Londres, Mánchester, Glasgow o cualquier otra ciudad solamente se veían marcas europeas y un par de japonesas. La más popular fue Hofner, de Alemania, incluida la serie Club electrics y los modelos de mayor tamaño como President o Committee. Una de las primeras guitarras que tuvo David Gilmour en su juventud fue una Club de Hofner. Y no fue el único.
De Alemania, también llegaron otras marcas como Aristone, Framus, Hoyer, Klira, Otwin, Roger y muchas más, mientras que Antoria y Guyatone venían del país del sol naciente. La primera guitarra eléctrica de Hank Marvin fue una Antoria que sonaba como el pedazo de madera que era. Las excepciones de estas eléctricas de los 50 eran las Grimshaw, que, precisamente, se fabricaban en Gran Bretaña. También formaron parte de esta escena otros países de Europa: Suecia con sus guitarras Hagstrom, los Países Bajos con Egmond y Checoslovaquia (actual República Checa) con las eléctricas Futurama, que, al menos, se parecían a las soñadas Stratocaster de Fender.
Jimmy Page bautizó a su Futurama con el nombre de Grazioso, ya que tenía esa palabra inscrita en el clavijero.
«Esa fue mi primera guitarra», me confesó Jimmy. «Antes tuve una Hofner que me compró mi padre, pero, después...» hace una pausa y se echa a reír. «No sé. Quizás mi padre era adivino y predijo lo que estaba por llegar. En los siguientes años, desfilaron por delante de mis narices un montón de guitarras, pero Grazioso fue la primera. Aunque no era una Fender, sonaba y parecía una guitarra eléctrica de verdad».
Le pregunto dónde se hizo con ella. «La compré en el Bell de Surbiton. De esa tienda también vino la otra guitarra, la Hofner. Vendían acordeones y otros trastos, pero no había ni rastro de Gibsons ni Fenders. Pero, ¿quién las tenía por aquel entonces?»
La respuesta es simple: prácticamente nadie.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la Cámara de Comercio Británica controlaba las importaciones para mejorar la balanza de pagos de Reino Unido. Este término político quiere decir que la riqueza del país se medía al comparar los costes de las importaciones y las exportaciones. El objetivo principal del gobierno era conseguir los ahorros que consideraban necesarios respecto al gasto de Reino Unido en el extranjero con la meta de reducir el déficit del dólar continuo.
Las restricciones de principios de los 50 afectaron principalmente a las importaciones de productos de alimentación y bebida, pero, entre los bienes fabricados se encontraban los artículos musicales, discos gramafónicos populares, armónicas y sus piezas, cajas de música y sus movimientos, instrumentos de cuerda (guitarras incluidas), instrumentos de viento (a excepción de los órganos) y algunas piezas de los órganos.
A pesar de todo, durante este período, existían algunos métodos para conseguir guitarras estadounidenses. Una de ellas era convencer a un marinero que trajera una de un viaje a Estados Unidos. Otra era investigar y tratar de conseguir uno de segunda mano que quedaban en venta. O también se podían importar de manera privada. Eso es precisamente lo que hicieron el cantante Cliff Richard y sus guitarristas, Hank Marvin y Bruce Welch.
Parte de lo atractivo que veían los jóvenes británicos en estos instrumentos es que, lógicamente, eran las que usaban los americanos. Si te gustaba el rock 'n' roll estadounidense y querías tocarlo tú también, un requisito imprescindible era que la guitarra tuviera la misma nacionalidad. O eso es lo que pensaban Cliff, Hank y Bruce (y como ellos, muchos otros).
Según sus investigaciones, su ídolo, James Burton, tocaba una Fender, por lo que pidieron a la sede de la marca en California que les enviaran un folleto por correo. Cuando llegó el catálogo de los años 1958 y 59, pasaron horas y horas manoseando las páginas y su contenido y, como no, la preciosa Stratocaster roja con piezas doradas y mástil hecho de madera de arce que adornaba la portada. Dedujeron que lo más seguro es que el gran Burton tocase la Fender más lujosa. Entonces, Cliff escribió a California para pedir una.
Poco después descubrieron que Burton sentía predilección por las Telecaster. ¿Y qué más da? A principios de 1959, Hank Marvin ya tocaba con una Stratocaster roja con piezas en dorado fabricada en Estados Unidos. Fue una de las primeras Strats del Reino Unido y, sin duda, de las más famosas.
Hubo algunos modelos que no llegaron oficialmente, en parte, gracias a la tripulación tan amable de los buques que navegaban de EE. UU. a Reino Unido. Los marineros realizaban alguno que otro viaje a la tienda Manny de Nueva York, por ejemplo, y compraban esas maravillas de seis cuerdas para los británicos. Solamente hacían falta contactos, dinero y valor. Sin embargo, fue Hank y The Shadows quien mostraron este trofeo estadounidense a los miles de seguidores cuando Cliff y el cuarteto dio el salto a la fama.
Poco después de que llegara el pedido especial de Hank, el gobierno británico cambiaba de opinión respecto a las importaciones musicales. Una vez más, el Melody Maker estaba allí para contar todos los detalles.
«Esta semana, la Cámara de Comercio anunció el fin de la prohibición en importaciones de varios bienes», rezaba en primera plana de junio 1959, «entre lo que se incluye discos, instrumentos, aparatos de radio y televisión, cintas de grabación y gramáfonos procedentes de las zonas del dólar». La famosa zona del dólar incluía 16 países de Centroamérica y Sudamérica, así como Canadá y Estados Unidos. Como no, este último era el que realmente le importaba a los guitarristas.
Entre las primeras tiendas que anunciaron la llegada de estas nuevas guitarras se encontraban Stanley Lewis e Ivor Mairants, en el centro de Londres. «¡Guitarras de EE. UU. ya disponibles!» exclamaba Lewis en septiembre de 59. «La gama Martin... Gibson, Guild, Harmony, etc.» anunciaba Mairants. Ese mismo mes, la tienda ofrecia reservas de las guitarras de Guild, Martin, Harmony y Epiphone que estaban a punto de desembarcar.
anunciando el fin de la prohibición
En Gran Bretaña, nadie distribuía guitarras de Gibson desde que Francis Day & Hunter (FD&H) dejó de traer los instrumentos debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial. En cuanto las restricciones desaparecieron en 1959, la empresa británica Selmer se posicionó como la nueva distribuidora de Gibson.
En agosto del 59, Boosey & Hawkes anunciaba acuerdos de distribución inmediatos de marcas como Guild, Martin, Harmony y Vega. Del mismo modo, en 1960, Jennings, empresa conocida por fabricar los equipos de Vox, se ganó la distribución Fender en el Reino Unido, aunque Selmer también añadió esta marca a su lista de importaciones un par de años después.
Big Jim Sullivan, que estaba a punto de convertirse en uno de los músicos de sesión más solicitados de Londres, fue uno de los guitarristas profesionales que se hicieron con instrumentos estadounidenses en cuanto cesaron las restricciones.
Aunque, en realidad, él era uno de los afortunados que ya tenía una en su posesión. El músico ya había llegado a la fama a principios de los años 50 con Marty Wilde & His Wildcats y, al igual que Hank Marvin, tuvo la suerte de trabajar con un cantante muy generoso que consiguió saltar el obstáculo de las importaciones. En 1957, Marty Wilde le regaló a Big Jim una Goldtop Les Paul que le compró de segunda mano a Sister Rosetta Tharpe mientras estaba de gira por el Reino Unido a finales del mismo año.
«Toqué con esa guitarra hasta 1959, cuando se volvió a importar guitarras estadounidenses a este país» recordaba Big Jim más adelante. Como muchos otros, ansiaba una de las nuevas guitarras recién llegadas. «Después, le compré una 345 Stereo de Gibson de color cereza a Ivor Mairants. ¡Era estupenda!»
Sobre el autor: Tony Bacon escribe acerca de instrumentos, artistas y música en general. Es el cofundador de Backbeat UK y Jawbone Press. Entre sus publicaciones, se encuentran los libros The Ultimate Guitar Book, London Live y Electric Guitars: Design And Invention. La última de ellas es una nueva edición de Electric Guitars: The Illustrated Encyclopedia (Chartwell). Tony vive en Bristol, Inglaterra. Para más información, visita su web tonybacon.co.uk.