El hip hop como movimiento artístico nació de la cultura negra y latina de la ciudad de Nueva York, sobre todo en el distrito situado más al norte: el Bronx. Sin embargo, alguna de las influencias sobre las que se ha consolidado este género se encuentran mucho más al sur.
Las tendencias caribeñas en los inicios del hip hop fueron incorporadas por DJ Kool Herc y Afrika Bambaataa, los dos pioneros y representantes del legado jamaicano. Los raperos y DJ puertorriqueños también adoptaron esta preferencia por lo instrumental en el género desde el principio. No obstante, una de las influencias caribeñas menos conocidas procede de la isla de Cuba. De hecho, la percusión cubana, o mejor dicho, afrocubana, aún forma parte del hip hop en la actualidad.
A continuación, vamos a realizar un recorrido por la historia de esta corriente, desde los primeros ritmos tradicionales afrocubanos hasta los «beats» del hip hop actual.
Cómo la percusión afrocubana se abrió paso en el hip hop
Lo primero que se nos viene a muchos de nosotros al pensar en la música cubana (incluso en la música latina en general) es la salsa. Estos ritmos se crearon a partir la percusión del son, un género afrocubano que existió durante décadas antes de mezclarse con el jazz y que posteriormente llegó a la audiencia estadounidense como salsa. Su antecesora, la rumba, es un estilo musical aún más parecido al son cubano tradicional que ya era muy conocida en Estados Unidos desde principios de los años 20.
Nacido hace más de cien años, el son cubano es el resultado de la música tradicional de la isla fusionada con percusión y ritmos africanos. Las congas, los bongos, los cencerros y las claves fueron los elementos principales de la percusión afrocubana. Se utilizaron en la música tradicional y se abrieron paso hasta llegar al hip hop mediante la música «disco» y otros movimientos posteriores del «pop». A pesar de que los cencerros son instrumentos folclóricos que se pueden encontrar en varios movimientos por todo el mundo, en Estados Unidos se hicieron populares a través de la salsa.
El ritmo latino que se encuentra en el corazón de la percusión de «You Should Be Dancing», el tema disco de Bee Gee y la conga asienta las bases del «Turn the Beat Around» de Vicki Sue Robinson. Incluso se puede percibir la conga, las maracas y el sonido tan distinguido de las botellas de cristal que se asemejan a las claves en el tema «Don't Stop Til You Get Enough» de Michael Jackson.
Justo dos meses después de que tuviera lugar la promoción de la noche de la demolición de la música disco en el descanso de los partidos disputados por el equipo Chicago White Sox, The Sugar Hill Gang publicó el sencillo «Rapper's Delight», la primera canción de hip hop que consiguió la fama. A juzgar por su percusión, parece que el hip hop recogió lo que había tirado la música disco.
Si lo analizamos en profundidad, esta conclusión se confirma por sí sola. El ritmo de fondo de «Rapper's Delight» es una interpolación del tema «Good Times» de Chic, un sencillo de la música disco que había visto la luz tan solo dos meses antes. Los inicios del rap comienzan con un ritmo afrocubano muy familiar.
La influencia afrocubana en las cajas de ritmos
Más allá de los ritmos de la música disco que se tocaban con los instrumentos afrocubanos tradicionales, existe una segunda vía por la que se utilizó la percusión afrocubana en el hip hop: las cajas de ritmos.
Tal y como se ha mencionado anteriormente, a la audiencia estadounidense le encantaba la música cubana mucho antes de los años 70. Sentían predilección por la salsa y la rumba, como se muestra (y quizás se promueve) en la serie I Love Lucy, protagonizada por Lucy y su marido cubano Ricky Ricardo, líder de un grupo.
En los años 50 y 60, si eras un músico que tocaba en salones de cóctel se esperaba que supieses tocar pop y jazz con un toque latino. Cuando llegaron las primeras cajas de ritmos para acompañar a organistas profesionales en dichas veladas, estas venían programadas con los ritmos y sonidos afrocubanos imprescindibles.
La primera caja de ritmos que se produjo a escala comercial fue la Sideman de Wurlitzer, que vio la luz en 1959 y estaba equipada con ritmos programados previamente, como la rumba o el chachachá. Además, incluía sonidos individuales de instrumentos como las claves y las maracas.

Otras cajas de ritmos como la Rhythm Ace FR-1 de Ace Tone, el precursor de Roland, o la Minipops de Korg siguieron el mismo patrón. También disponían de ritmos de rumba, chachachá o mambo junto a la percusión afrocubana.
A pesar de que la música sufrió un cambio vertiginoso entre 1959 y 1980 y las cajas de ritmos se convirtieron en máquinas programables, Roland optó por seguir incorporando en su caja pionera, la TR-808, cuatro instrumentos de percusión afrocubanos: las claves, las maracas, las conga y el cencerro (a pesar de que el sonido del cencerro es famoso por ser muy poco realista).
La 808 incluía 12 instrumentos en total, por lo que un tercio de los instrumentos a disposición del usuario eran afrocubanos. Esta caja se convirtió en la más popular del hip hop. De este modo, la 808 ayudó a continuar la presencia de los instrumentos afrocubanos en este nuevo estilo desde su creación hasta nuestros días.
Piensa en el ritmo de la 808 en «Planet Rock», la canción con más influencia de Bambaataa, que incorpora el sonido metálico e inconfundible de los cencerros. Por otro lado, «Work It» de Missy Elliot presenta un ritmo con las claves durante todo el tema, aunque lo interrumpe con el cencerro al final (una réplica del tema «Peter Piper» de Run-DMC).
Como no, los instrumentos más vivos como las maracas, las congas u otros integrantes de la percusión afrocubana y la influencia latina nunca nos han dejado, tal y como demuestran algunas canciones del verano pasado como «Wild Thoughts» de DJ Khaled (el enlace al vídeo no es seguro). Evidentemente, la colaboración tan positiva que ha existido desde hace décadas entre la percusión afrocubana y el hip hop todavía no ha llegado a su fin.